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C-01

Alfredo Oria Fernández :Thamar y Ammón

La historia de Thamar y Amnón es, probablemente, el más representativo de los temas eruditos que han salpicado la tradición literaria hispánica . A partir de su fuente bíblica en primitiva lengua española, en este trabajo nos embarcaremos en el tiempo para comentar distintas reelaboraciones, con el fin de obtener una perspectiva de la interacción entre distintas manifestaciones por medio de sus rasgos de estilo: la poesía culta, la tradición oral y la música popular. Levaremos anclas con una de las primeras traducciones al castellano de la Biblia, haremos escala en la tradición oral, recalaremos en la Generación del Veintisiete y, finalmente, atracaremos en el flamenco.

palabras clave

The story of Tamar and Amnon is probably the most representative of the issues scholars who have peppered the Spanish literary tradition. From its source in early Spanish-language Bible, in this paper we will embark on the time to discuss various elaborations, in order to gain insight into the interaction between different manifestations through his style patterns, learned poetry, the oral tradition and popular music. Will weigh anchor to one of the first Castilian translations of the Bible, we will stop in the oral tradition, arrived in the Generation of Twenty and, finally, docking at the flamingo.

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Tanto el tema como las figuras que lo trataron han sido materia de amplios e ilustres estudios. Apartando las disertaciones de carácter religioso; Menéndez Pelayo, Menéndez Pidal y, más precisamente, Manuel Alvar, además de haber dictado algunos de los tratados filológicos centrales en nuestra herencia, recopilaron y ordenaron la abundante cantidad de versiones orales sobre Amnón y Thamar que hoy tenemos a disposición. Intentaré navegar en las oceánicas obras de estos autores y estudiosos con la intención de obtener   —desde mi modesta posición— la perspectiva estilística apuntada, de averiguar si la reelaboración más reciente, al través del flamenco, puede situarse dentro de esta particular tradición thamariana como una aportación genuinamente popular —lo que, según una apreciación superficial, dados la supuesta propiedad folclórica del cante jondo o su indiscutible origen oral, sería lo ordinario— o si está más cercana a lo culto .


La historia de Thamar y Amnón aparece, dentro de la Biblia cristiana, en los escritos históricos del Antiguo Testamento, en el segundo libro de Samuel. El origen de este texto, que refiere la instauración de la monarquía israelita y data del s. IX a.C. , es comentario interesante para otro momento. Al ser la tradición hispánica lo que aquí nos ocupa, tampoco resulta útil especular sobre los posibles sorbos de liturgia que los habitantes ibéricos hubiesen bebido durante el primer milenio de nuestra era, fuesen éstos de fuente judía o cristiana . Situaremos, entonces, el punto de partida de la odisea de esta turbadora historia por la tradición española a partir del reinado de Alfonso X: En el s. XIII, el castellano recibió del Sabio su definitivo impulso y se tradujo, con su patrocinio, por primera vez la Vulgata . Aunque fue hasta la segunda mitad del s. XVI cuando se copió la versión de Thamar y Amnón más antigua que conocemos en forma de romance y Lope de Vega desarrolló el tema, los mismos autores anónimos en lengua española que participaron en la conformación del romancero medieval deben haber sido los que tomaron para sí el relato de estos infortunados hijos de David.


Un siglo después de la aparición de la biblia alfonsina, el rabí Mosé Arragel de Guadalajara tradujo también al castellano los textos bíblicos hebreos , a la vista de la Vulgata, pero glosando y apologizando. Trabajaré con esta versión porque me parece un verdadero tesoro léxico, elemento fundamental para el interés estilístico de nuestro trabajo. Como ejemplo representativo de la tradición oral, tomaremos el texto que presenta Manuel Alvar , esta elección atiende primordialmente a su autoridad en la materia y a su exhaustivo trabajo. Completaré el mínimo catálogo con el poema de Federico García Lorca sustraído del Romancero gitano y la bulería interpretada por Camarón y Tomatito —extracto del mismo poema—, del álbum Soy gitano .


Lo primero que salta a la vista en las comparaciones es la variación en los nombres y la ausencia de algunos personajes. Ni Absalón —hermano y vengador de Thamar—, ni Jonadab —primo de Amnón, quien lo aconseja— aparecen en el romance ni en el poema. En éste, David —Daví en voz de Camarón— suplanta la función justiciera de Absalón y en el romance se convierte en “rey moro”. Thamar es Altamara o Altamarina en el romance —en sus variantes regionales: Altamar, Tamara—. Amnón aún no es usado por Tirso de Molina en La venganza de Tamar, sino Amon, como en los versículos. Tarquino —o Tranquilo en otras versiones— sustituye al nombre de origen hebreo en el romance, tomado de un motivo romano, la historia de Lucrecia, quien es violada por él y termina suicidándose. Altamar, Altomor, incluso Ramón, Paquito, Pepito, Luisito, son otras analogías infrecuentes y extravagantes que se han recogido en la geografía española.


            Los hechos. ¿Qué siente Amnón por Thamar en un principio? En los versículos: “bien queriala […] e amauala”; en el romance: se enamoró, la pretendió, la celaba —en su sentido de apetito—. Hasta aquí todo muy claro. El deseo que provoca la joven en su hermano es aceituna jugosa para la prensa poética de Lorca:


Thamar estaba cantando
desnuda por la terraza.
Alrededor de sus pies,
cinco palomas heladas.
Amnón, delgado y concreto,
en la torre la miraba,
llenas las ingles de espuma
y oscilaciones la barba.
Su desnudo iluminado
se tendía en la terraza,
con un rumor entre dientes
de flecha recién clavada.
Amnón estaba mirando
la luna redonda y baja,
y vio en la luna los pechos
durísimos de su hermana.


No es sólo amor, no es sólo deseo lo que denota el hijo de David: como copa de manzanilla helada, el poeta retiene y condensa las vibrantes gotas de sensualidad que se suspendían en el bochorno del relato. En la bulería, este duende líquido que resbala con la pereza del aceite, devendrá en lágrimas si se encuentra con un oído sensible.


Luego del consejo de su taimado primo, Amnón “doliente se fizo” en los versículos; “cayó malito en la cama, / con dolores de cabeza     y una calenturita mala” en el romance; y en las estrofas quizás más densas del Romancero gitano, la narración del suceso —en las propias palabras del granadino, dirigidas entonces a Góngora— “es como un esqueleto del poema envuelto en la carne magnífica de las imágenes”:


Amnón a las tres y media
se tendió sobre la cama.
Toda la alcoba sufría
con sus ojos llenos de alas.
La luz, maciza, sepulta
pueblos en la arena parda,
o descubre transitorio
coral de rosas y dalias.
Linfa de pozo oprimida
brota silencio en las jarras.
En el musgo de los troncos
la cobra tendida canta.
Amnón gime por la tela
fresquísima de la cama.
Yedra del escalofrío
cubre su carne quemada.

La yedra es una planta con tronco y ramos sarmentosos, de que brotan raíces adventicias que se agarran fuertemente a los cuerpos inmediatos. Esta imagen es un recurso que Federico utiliza con frecuencia y con maestría: al mismo tiempo que alude a las sábanas frías en contraste con el cuerpo ardiente de Amnón, convoca y anticipa —o mejor, cita, en el sentido taurino— la violación.


El rey David, o el rey moro, se presenta a ver al convaleciente y éste le pide que su hermana le haga y le lleve, sola, “dos escalphaduras (tortas o panes)” en los versículos y “una pollita asada” en el romance. Esta variante puede deberse, según Alvar, a que el ave y su caldo se recomiendan para recuperar las fuerzas perdidas durante una enfermedad. Esta aparente trivialidad, en mi opinión, sería el mejor ejemplo de la diferencia medular entre una expresión genuinamente popular y una ilustrada: no acomoda a la sensibilidad del pueblo ofrecerle a un enfermo —aunque sea fingido— una grasienta masa de harina.


Thamar entró silenciosa
en la alcoba silenciada,
color de vena y Danubio,
turbia de huellas lejanas.
Thamar, bórrame los ojos
con tu fija madrugada.
Mis hilos de sangre tejen
volantes sobre tu falda.
Déjame tranquila, hermano.
Son tus besos en mi espalda
avispas y vientecillos
en doble enjambre de flautas.
Thamar, en tus pechos altos
hay dos peces que me llaman,
y en las yemas de tus dedos
rumor de rosa encerrada.
*
Los cien caballos del rey
en el patio relinchaban.
Sol en cubos resistía
la delgadez de la parra.
Ya la coge del cabello,
ya la camisa le rasga.
Corales tibios dibujan
arroyos en rubio mapa.
*
¡Oh, qué gritos se sentían
por encima de las casas!
Qué espesura de puñales
y túnicas desgarradas.
Por las escaleras tristes
esclavos suben y bajan.
Émbolos y muslos juegan
bajo las nubes paradas.


Si los apetitos del hermano son un motivo tan fecundo para el talento del malogrado poeta, la violación-desfloración-incesto es uno tan terrible, tan poderoso por sí mismo, que requiere de un genio para que el verso no se estreche al intentar narrar un hecho que es —en su poderío, en su sacudida, en su horror— sustancialmente poético . Al ser un extracto, me parece significativo que la bulería no eluda los versos en donde el crimen se consuma, pues el romance suaviza, en extremo, la escena: “La agarró por la cintura,     la tendió sobre la cama”. Aunque existen algunas variantes más desvergonzadas —“La cogió por los cabellos,     la arrastró por la sala”; “hizo de ella lo que quiso     hasta escupirle en la cara”—, parece que una afable sensibilidad del pueblo en aquellos tiempos prevalece.


En todos los textos, lo que queda en Amnón es odio, aunque, en Lorca, apenas se vislumbra con un verso: “Violador enfurecido”. La reacción del rey ante el atentado, en el romance, es uno de los elementos más elocuentes en cuanto a la psicología social, según Alvar, puesto que se busca alguna solución. Es el punto en donde la tradición oral más se aleja de los versículos. En la mayoría de los casos, según las costumbres de la época, no queda sino enviar a la víctima al convento; otros desenlaces la llevan al suicidio, al casamiento, resultan en el embarazo.


Alrededor de Thamar
gritan vírgenes gitanas
y otras recogen las gotas
de su flor martirizada.
Paños blancos enrojecen
en las alcobas cerradas.
Rumores de tibia aurora
pámpanos y peces cambian.


Aunque “Thamar y Amnón” se encuentra dentro de un apartado llamado “Tres romances históricos”, el poemario de Federico —como evidencia su título—, es habitado por personajes y cultura gitanos; en sus bodas, la novia se encierra con las mayores de su familia, quienes realizan un rito en el cual un pañuelo blanco es introducido en la prometida para luego mostrarlo —alto en la mano triunfal de la abuela—, a la concurrencia; la mancha de sangre en el lino blanco habrá probado su castidad, y entonces la pareja es alzada en hombros para dar comienzo al festejo —que durará por lo menos tres días—, al compás de la alboreá.


Federico fue un enamorado de las expresiones artísticas de los gitanos . Aunque el flamenco no les pertenece exclusivamente —sino a la confluencia única de manifestaciones de distintos orígenes reunidas en Andalucía—, son ellos la fruta que ha aportado tanicidad, aroma y color al espíritu del arte jondo. José Monge Cruz, Camarón de la Isla, ha sido, quizás, la cosecha más importante en la larga historia de este vino profundo. Gitano canastero de Cádiz, Camarón aprendió los palos de su madre Juana, depositaria de una asolerada tradición oral que transmitía de una generación a otra los cantes antiguos, entonados sin acompañamiento de instrumento alguno.


En 1989, tres años antes de su muerte, grabó, junto a la guitarra de Tomatito, el disco más vendido en la historia de este arte. Soy gitano no es un álbum de corte ortodoxo: contiene una rumba, “Amor de conuco” junto con Ana Belén y “Nana del caballo grande” —extraída de Bodas de sangre —, acompañado por la Royal Philharmonic Orchestra de Londres. El éxito comercial de la producción se debe, tal vez, a que estas propuestas —hasta entonces inéditas—, acercaron a un público poco habitual en el flamenco, sin embargo, los oros y los platinos no llegaron hasta la desaparición del cantaor: incluso sus fieles seguidores, a partir de La leyenda del tiempo (1979), acudían al Corte Inglés —álbum tras álbum— para asegurarse de que la empleada no hubiera sustituido los estuches . “Soy gitano” es la canción más conocida, difundida y reinterpretada de Camarón, yo nunca he escuchado en una juerga, en un tablao, en un escenario, a alguien cantar “Thamar y Amnón”. El propio Camarón eludió cantarla en sus galas, se dice que forcejeó en el estudio con el fluir de la letra.


En mi opinión, el magnífico aporte melódico de José no puede inscribirse en la tradición oral, puesto que los versos se mantienen inalterados, puesto que, ya en forma de canción, no es reelaborada. Tampoco pertenece a lo genuinamente popular porque el pueblo no la corea, es decir, no regresa Camarón el romance al pueblo, lo embellece —si es posible esto a partir de algo ya tan bello—, suma, pero la apropiación lorquiana, en voz de un gitano flamenco, permanece en el ámbito de lo culto.


Como hemos visto, la fascinante y terrible historia de Thamar y Amnón ha fundado, al través de ocho siglos, una herencia de reinterpretaciones que abarca expresiones tanto cultas como populares, de la tradición oral como del romancero, de lo sacro y lo musical; las diferencias y convivencias entre todas ellas enriquecen el tema de tal manera que, desde mi punto de vista, se ha convertido en uno de esos argumentos que vuelven de una u otra forma con cada generación, como Romeo y Julieta o Edipo. Los artistas que se han inspirado en esta historia han logrado obras magníficas, pongamos nuestra fe en que las reelaboraciones que estén por venir mantengan la altura de esta fecunda y paticular tradición.   

 

 

 

Bibliografía.


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Cattaneo, Mariateresa (1983) Un ejemplo de la mitología lorquiana: El romance de Thamr y Amnón. En Actas del VIII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas : 22-27 agosto 1983 / coord. por A. David Kossoff, Ruth H. Kossoff, Geoffrey Ribbans, José Amor y Vázquez, Vol. 1, pp. 381-389
García Lorca, Federico (1991) Obras completas. Madrid: Aguilar.
García Lorca, Federico (1994) Poema del Cante Jondo / Romancero Gitano. México: REI.
Grande, Félix (1992) García Lorca y el Flamenco. Madrid: Mondadori.
Grande, Félix (1979) Memoria del Flamenco. Madrid: Espasa Calpe.
Paz, Octavio (2003) Obras completas. Vol. 4. Generaciones y semblanzas. Pp. 181. México: FCE.
Pinell, Jordi. (1998) Liturgia hispánica. Barcelona: Centre de Pastoral Litúrgica
Rivero, Antonio. Sagrada Escritura en http://www.autorescatolicos.org/antoniorivero.htm
Varios autores (1999) Biblia de América. Madrid: La Casa de la Biblia.
Varios autores (1920) (Antiguo testamento), traducida del hebreo al castellano por Rabí Mose Arragel de Guadalfajara (1422-1433?), publicada por el Duque de Berwick y de Alba. Tomo I, 1920; II, 1922. Edición de A. Paz de Mélia
Varios autores (2007) Antología de la poesía española del Siglo de Oro. Madrid: Espasa Calpe.

Fonografía.

De la Isla, Camarón (1989) Soy Gitano. Madrid: Sony.
Varios artistas (1997) I Concurso de Cante Jondo. Colección Federico García Lorca. Madrid: BMG.

 

 

Entenderemos este término en su forma más amplia: tanto lo oral como lo escrito, tanto lo culto como lo popular, incluso las composiciones musicales.

He estado utilizando el término «culto» porque sus sinónimos presentan limitantes similares, a sabiendas de que no se opone con lo que pertenece al pueblo, especialmente disertando de Lorca, quien hablaba de una “cultura de sangre” a la misma o mayor altura que la otra.

«Thamar» o «Tamar»: Usaremos la forma que eligió García Lorca.

Fecha de Antonio Rivero en Sagrada Escritura.

Las primeras inmigraciones judías datan del s. I, según dice Jordi Pinell: “una noticia talmúdica afirma que tapiceros del templo de Jerusalén, después de su destrucción por Tito (a. 70), emigraron a Hispania”. Las incipientes comunidades cristianas se establecieron hacia el s. III.

Fernando III, padre de Alfonso X, mandó hacer, unas décadas antes, una traducción al romance.

Manuel Alvar desliga esta composición a la tradición oral por la ausencia de los “elementos que la tradición oral fue incrustando en el relato” y por su rima.

Biblia (Antiguo testamento), traducida del hebreo al castellano por Rabí Mose Arragel de Guadalfajara (1422-1433?), publicada por el Duque de Berwick y de Alba. El año de publicación de la obra, la ortografía de «Thamar», el interés sobre el tema y los círculos en los que se movía García Lorca nos hacen suponer que el poeta granadino conocía esta versión.

Nos dice el filólogo de Benicarló: “Los materiales tradicionales que voy a elaborar proceden de diversas fuentes de información; unos han sido impresos, otros los recogí directamente, y —los más— me fueron facilitados por don Ramón Menéndez Pidal”. El periodo de recolección abarca de la década de los veinte a la de los sesenta y es una versión estándarde las múltiples variantes encontradas dentro de la península.

Me referiré al texto bíblico como «versículos», al oral como «romance», a los versos de Lorca como «poema», también cuando hablo de la letra de la canción, puesto que está contenida en él.

No debería justificar esta aseveración, sin embargo, uno no sabe siempre qué lector pueda encontrarse con el texto. Así es que espero que se entienda que para quien escribe, sería inadmisible calificar como algo poético cualquier violencia real ejercida sobre un ser humano.

Sería interminable la ennumeración de actividades, conferencias, coincidencias, amistades, influencias… que Lorca intercambió con los gitanos y el flamenco. Para quien esté interesado en el tema, recomiendo los libros de Félix Grande y la edición de Allen Josephs y Juan Caballero del Poema del cante jondo y el Romancero gitano.

Cada una de las variedades del cante tradicional flamenco.

Camarón cantó varias letras de García Lorca: “La leyenda del tiempo”, “Romance del Amargo”, “Casida de las palomas oscuras”.

La leyenda del tiempo es un disco revolucionario, su estilo se aleja del flamenco tradicional, cosa no muy tolerada en aquellos años.

 

A  Alfredo Oria F.

(Ciudad de México, 1973)

Ha realizado estudios de literatura en la UNAM, la Universidad Iberoamericana y La UASLP. Alumno de Guillermo Samperio y cofundador del taller literario Textosentido. Escribe poesía; ahora trabaja un libro de cuentos. Ha colaborado en diversas revistas académicas y mantienen una columna sobre cultura y vinos en el periódico el Sol de San Luis.

 

 


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